(1) día de verano en el parque

Escrita en esta realidad por:

Nota: Este es un ejercicio narrativo basado en la película 500 days of Summer (500 días con ella o 500 días juntos), que narra la escena cumbre de la película, pero desde el punto de vista del personaje de Summer Finn.

To the Architect – (500) Days of Summer Score.

Summer Finn subió una pequeña colina, caminó entre los árboles y luego se sentó en una banca a admirar la vista. Llevaba mucho tiempo sin visitar aquel parque. Tras haber dejado su departamento de soltera, el parque había dejado de estar en su vida. Sin embargo, ese día decidió tomarse el tiempo. Le gustaba aquel lugar, le permitía abstraerse de su rutina diaria, una a la que aún estaba tratando de acostumbrarse.

Summer siempre había sido un alma libre, con pocos lazos que le ataran al pasado y más centrada en vivir el presente que en pensar en el mañana, pero su vida había cambiado. Ahora veía las cosas de forma distinta, muchos conceptos que antes le hubieran hecho revolver el estómago, ahora las abrazaba con emoción. Construía un futuro, mientras había cosas del pasado que le gustaba mantener en su presente. Y aquel parque era una de esas cosas.

Como le sucede a todo ser humano, en la memoria de Summer había infinidad de datos, nombres y fechas que normalmente, después de cumplir su ciclo de relevancia, quedaban guardados en algún baúl en la parte trasera de la memoria, viendo la luz del día muy esporádicamente. Aquel día Summer vio algo que le hizo reabrir uno de esos baúles. Sentado en otra banca, un hombre observaba atentamente la fachada de los edificios. Summer lo reconoció de inmediato, era Tom.

La última vez que Summer Finn y Tom Hansen se vieron fue en una fiesta en el antiguo departamento de ella. Él simplemente desapareció a mitad de esta, sin despedirse ni dar explicaciones. En su momento Summer supuso que había pasado, aunque nunca pudo saberlo con certeza, sin embargo, la verdad era tan simple como que la realidad de ella había cambiado pero las expectativas de él no. Quizás en otra ocasión Summer hubiera reparado más en esta situación, pero en aquellos momentos su mundo estaba tomando una nueva forma, por lo que decidió seguir con su vida y desearle lo mejor a Tom.

Aun así, al igual que una memoria infantil se cola en medio de una reunión laboral, alguna vez Summer se descubrió preguntándose cómo estaría Tom. Incluso una vez pensó en llamarlo. Fue tras una larga noche de insomnio, en la cual Summer tuvo una revelación. Una que involucraba a Tom. Estuvo pensando durante un tiempo en contactarlo, ver cómo estaba y contarle lo que había descubierto, pero dado el resultado de su último encuentro, tenía la impresión de que hacerlo solo complicaría las cosas para él, por lo que desistió de aquella idea.

Sin embargo, ahora, parecía que el destino había tomado cartas en el asunto. Al ver a Tom sentado en aquella banca, Summer sintió el impulso de llamarlo, pero se contuvo. Normalmente ella era de seguir sus instintos y pensar poco en las consecuencias, pero con el tiempo había aprendido que a veces era mejor analizar las cosas antes de actuar. Pensó que quizás Tom no le devolvería la palabra y se iría al verla, o tal vez la ignoraría. Sin embargo, el recuerdo de su tiempo juntos, de momentos amargos y felices la hicieron decidirse. A pesar de todo lo pasado, no quería irse sin intentar hablar con él una última vez.

—¿Tom?

El hombre se volteó y permaneció en silencio. Ella notó como el rostro de Tom parecía tenso, como si tratara de contener la sorpresa que sus ojos no podían ocultar. Summer intentó adivinar si aquella reacción se debía a lo inesperado del encuentro o si eran los sentimientos de él que no le dejaban hablar.

—Tenía la impresión de que tal vez te vería por aquí —continuó ella con una leve sonrisa, esperando aligerar el ambiente.

Ante la falta de una respuesta, Summer comenzó a sospechar lo peor, pero aún no quería darse por vencida. Con prudencia se levantó, avanzó unos pasos y se acercó al árbol que estaba en medio de los dos.

—Desde que me trajiste aquí, me encanta este lugar —exclamó nuevamente. Esta vez aguardó alguna señal que le permitiera avanzar.

Tras unos segundos, finalmente surgieron las primeras palabras de él.

—Creo que debo felicitarte…

La voz de Tom intentaba disimular la ironía que sus palabras no podían. Summer no estaba segura si aquella era una buena señal. Por un momento sintió qué sí se acercaba más, él saldría huyendo como un animalito asustado. Presentía que sus temores se volverían realidad y él no estaría dispuesto a conversar con ella. Sabía que, de ser así, respetaría sus deseos y se iría, pero antes necesitaba estar segura. Summer disparó su último cartucho.

—Solo sí así lo sientes realmente… —dijo ella con una picara sonrisa. 

Tom se mantuvo impasible para horror de Summer, pero tras un instante contestó:

—Bueno en ese caso… —la seriedad del rostro del chico desapareció y una sonrisa tomó su lugar. Summer suspiró con alivio. Finalmente abandonó su refugio y se acercó a la banca de Tom.

—¿Cómo has estado? —preguntó finalmente ella.

—Bien, creo. He estado mejor —respondió Tom entre risas nerviosas, mientras le hacía espacio para que se sentara junto a él.

—Que bien te sienta ese traje —replicó ella al notar la vestimenta de Tom.

A diferencia del look casual que él usaba normalmente y que Summer le conocía tan bien, esta vez Tom vestía un traje de tres piezas junto con una corbata. Se veía elegante, pero más allá de esto, Summer notaba algo distinto en él, pero no podía precisar qué era exactamente. Quiso indagar, pero por un momento reparó en sí misma. Ella ya no vestía como la chica recién llegada de Michigan que Tom conoció alguna vez. Ella ya no era la misma y su ropa lo reflejaba. Ambos habían cambiado.

—Gracias, también te ves bien —continuó él, sacando a Summer de su leve ensimismamiento.

Por un momento el silencio reinó y parecía que ninguno sabía cómo continuar. Normalmente Summer era de tomar la iniciativa en casi todo, pero como tenía muchas cosas que decir, le costaba decidir como iniciar. Tom tomó la delantera esta vez.

—Bueno es que renuncié a la compañía y ahora busco trabajo como arquitecto —dijo el chico algo sonrojado —Por eso el traje.

—¿En serio? ¡Eso es genial! —Una gran sonrisa se dibujó en el rostro de Summer. Se alegraba que finalmente Tom siguiera lo que le apasionaba y no continuara en la compañía de tarjetas dónde se habían conocido.

Tras un intercambio de sonrisas, Summer sintió que el ambiente se había relajado, sin embargo, como la calma antes de la tormenta, todo cambió de un momento a otro.

—Y tú, te casaste… —continuó Tom.

Por un segundo la frase la tomó por sorpresa. Quizás fue el hecho que no esperaba llegar a ese tema tan pronto, o tal vez que la realidad tras esas palabras le pareció tan inverosímil por un momento, que dudó que fueran reales.

—Si, qué locura ¿no? —respondió ella casi para sí misma.

—Creo que deberías habérmelo dicho, digo, cuando nos volvimos a ver en el matrimonio de Sally —replicó él con calma, aunque Summer detectó un ligero quiebre en su tono.

—Sí, aunque en aquel momento aún no me lo habían propuesto —respondió ella sin darle mayor importancia.

—Pero ya salías con él, él ya existía…

—Sí

—Entonces ¿Por qué bailaste conmigo en la fiesta?

Al oír aquella pregunta, Summer sintió que regresaba al pasado por un instante. En los ojos de Tom vio nuevamente al joven que siempre sobre analizaba las cosas, que necesitaba encontrar una razón para todo. Los grandes y celestes ojos de Summer soltaron una dulce mirada.

—Porque quería bailar contigo.

A ella le pareció ver un destello de sorpresa en el rostro de él. Una sonrisa casi involuntaria apareció en la boca del chico.

—No debería sorprenderme, tú siempre haces lo que quieres.

Ambos no pudieron evitar reír. A Summer siempre le había causado gracia que Tom buscará respuestas complejas a preguntas simples, mientras ella prefería dar respuestas simples a preguntas complejas. Le era curioso como esas diferencias alguna vez los unieron.

Tom continuó.

—Antes decías que no querías ser la novia de nadie y hoy eres la esposa de alguien… —dijo como si contara una broma.

—Si, a mí también me sorprende —respondió ella con algo de humor.

—Supongo que nunca lo entenderé —Tom soltó una risa algo sarcástica —No tiene sentido.

—Sí lo sé, pero creo que… solo pasó.

—Pero —él se volvió y la observó con atención —¿Qué pasó? Eso es lo que no entiendo…

Summer se sintió rara ante aquella mirada. Le parecía extraño que de todas las personas en el mundo fuera justamente Tom quién le hiciera esa pregunta.

—Solo desperté un día y lo supe —respondió ella

—¿Qué supiste?

Por un momento Summer quedó en silencio. Sabía a donde conducía ese camino. No quería abrir viejas heridas, sin embargo, supo que ya no había vuelta atrás.

—Lo que nunca estuve segura contigo.

Summer pudo ver como la tristeza y la decepción se asomaron en la cara de Tom. No pudo evitar sentirse culpable, aquella no era la forma como quería decirle las cosas, como quería contarle acerca de la revelación que había tenido. No obstante, mientras él apartaba la mirada, Summer deseó que, a pesar del dolor, Tom fuera capaz de comprender lo que significaban esas palabras.

No pasó mucho hasta que la voz de él rompiese el silencio. Aunque mantenía un semblante sereno, su voz no ocultaba su decepción.

—¿Sabes que apesta? — exclamó él con una falsa sonrisa —Descubrir que todo en lo que crees son puras patrañas.

—¿A qué te refieres?

—El amor, las almas gemelas, todo eso son puras fantasías que uno se inventa. Es pura mier… —suspiró —A final de cuentas, tú tenías razón sobre todo esto —una mirada cansada apareció en su rostro —Debí hacerte caso…

—Tom… —Summer no pudo evitar verlo con ternura. Le parecía ver a un niño pequeño haciendo una rabieta. Al notar esto, Tom se sonrojó y luego preguntó:

—¿Por qué…  por qué me miras así?

Summer sonrió.

—¿Sabes? Un día estaba en una cafetería leyendo El Retrato de Dorian Gray y un chico se me acercó, me preguntó por el libro y bueno, hoy es mi esposo ¿entiendes lo qué significa? 

—Creo que no —respondió la confusión de Tom.

—Bueno ¿Qué hubiera pasado si hubiera llegado más tarde? ¿o si hubiera ido al cine en vez de al café? ¿o si dejaba el libro en casa? ¿Comprendes? Era algo que debía pasar… —Summer posó sus celestes ojos en los de Tom —Fue así como me di cuenta de que tenías razón.

Una sonrisa tonta surgió en el rostro de Tom.

—No… no es cierto…

—Si, si lo es —respondió ella un poco sonrojada —Es algo que descubrí con el tiempo, al reflexionar sobre mí vida. Pensaba “¡Tom tenía razón!”

Ambos sonrieron y luego soltaron unas risas. Summer sintió como si se quitara un gran peso de encima. Finalmente pudo contar lo que descubrió la noche antes de su boda, en medio del insomnio y una crisis existencial. Aquella noche, Summer comprendió las palabras que alguna vez Tom le había dicho en un bar:

—El amor es… cuando lo sientas lo sabrás…

Ahora lo sabía. Esta fue una revelación que la tomó por sorpresa, al igual que la vida lo hizo aquella tarde en la cafetería mientras leía el Retrato de Dorian Gray. Había pasado mucho tiempo deseando contarle esto a Tom. Sin embargo, Summer sabía que aún faltaba algo más por decir.

—Solo que… yo no era la correcta para ti… —exclamó con algo de pesar.

Sus miradas se cruzaron para luego separarse. Summer observó el horizonte. No sabía si esta revelación serviría de algo o por el contrario traería más dolor al corazón de él. No obstante, en aquel momento, mientras colocaba su mano sobre la de él, deseaba con todas su fuerzas que esta verdad le ayudara a Tom a volver a ser el chico que creía qué el amor era más que una fantasía. Pero sabía que eso ya no dependía de ella. Apretó la mano de Tom, esperando que él pudiera entender. Tras esto, Summer supo que no había más de que hablar.

—Debo irme —exclamó ella —Pero estoy muy feliz de que estés bien —Summer se despidió con una ultima mirada. Él permaneció en silencio. Ella partió sin decir nada más.

Summer había avanzado unos cuantos metros cuando escuchó su nombre. Al voltearse, él estaba de pie.

—Realmente deseo que seas feliz —dijo Tom sonriendo. Ella le devolvió la sonrisa.

Luego Summer Finn continuó su camino.

Historia inspirada en la película 500 days of Summer

Escrito por H.S. Gardela

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