Cuenta la leyenda que Ubari, el dios conejo, se enamoró de una humana y esta, para quitárselo de encima, le pidió como prenda de su amor, que consiguiera el fuego de la noche, la luz que iluminaba a la luna. Y así lo hizo Ubari, viajando al centro de la noche para tomar su brillo. Pero cuando este alcanzó el fuego, se volvió resplandeciente y eso alertó a los animales de la noche, que, al ver tal falta, comenzaron a devorarlo vivo. En su agonía, Ubari entendió el engaño y maldijo a sus asesinos, lo que hizo que su cuerpo, imbuido con el fuego de la noche, incendiara eternamente los ojos de sus asesinos. Estos, revolcándose del dolor, pidieron clemencia a Ubari. Agonizando este dijo: «Devoren a esta que me ha usado y a todos sus hijos, hagan que estos teman a la noche y su dolor terminará.» Desesperados estos aceptaron, pero al devorar a la mujer, se dieron cuenta que Ubari los había engañado, porque no había maldecido solo a esta, sino a toda la humanidad, lo que hacía que el tormento de ellos no terminara mientras hubiera un hombre vivo. Desde entonces se dice que la noche es peligrosa para los hombres, porque los descendientes de aquellos animales buscan cazarlos, para terminar la maldición y apagar el fuego que hace brillar sus ojos en la noche.

Historia escrita en esta realidad por Gelje.
Historia descubierta en Existencia por Art, el trotamundos sin pies.
Historia inspirada en el arte de Meike Hakkaart







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