El pintor despertó sobresaltado. Rostros extraños acechaban en sus sueños. Viéndose víctima de un posterior insomnio, el hombre aprovechó la extraña inspiración para comenzar un cuadro. Cada vez que tenía aquella pesadilla, recordaba un rostro, el cual luego pintaba. Tras pasar más de una semana soñando lo mismo, pintó el último rostro y cubrió la pintura. A partir de esa noche pudo reconciliar el sueño, sin embargo, a los días sintió una gran curiosidad por ver la obra terminada. Cuando la reveló, descubrió que no había ningún trazo sobre el lienzo. Alterado, el pintor rompió el cuadro. Aún confundido, intentó calmarse mojando su cara, pero al mirarse en el espejo, descubrió los rostros que había pintado. Estaban a su alrededor, sonriéndole. Él también les sonrió.

Historia escrita en esta realidad por Gelje.
Historia descubierta en Existencia por Art, el trotamundos sin pies.
Historia inspirada en el arte de Vincent Desiderio







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